
- Menudo temporal -suspiró su padre, quien se iba acercando lentamente a ella-. Parece que esta lluvia no vaya a terminar nunca.
- Es una imagen un poco triste, ¿no crees? -dijo Dafne, una vez asintió con la cabeza, mientras seguía clavando su mirada en el arco.
- Es un mal presagio. Tiene que haber pasado algo, por alguna parte, en algún rincón -respondió, clavando su mirada en el mismo sitio en que lo hacía su hija. Luego la miró a ella, y añadió- … ¡y no me vuelvas a sacar la historia de los vampiritos!
- Tampoco iba a hacerlo -hizo ella, molesta.
El padre de Dafne suspiró. No sabía cuánta razón tenía él, en lo que a los vampiros se refería. Hasta comenzaba a creérselo un poco. Aquel aura tan oscura no era normal, ni aquella extraña tristeza que se respiraba. Besó a su hija en la frente, y se apartó de ella.
- Tengo que salir -comentó él- He quedado…
- ¿Con quién?
A Dafne le pareció oír algo así como un ”periodista, tenía que ser…”. ¿Adónde había quedado el conservadorismo de papá?, se preguntaba Dafne.
- Es una compañera mía, del trabajo… supongo que iremos a tomar unas copas, ya sabes…
- Pero, papá… mamá…
- Mamá nos abandonó hace dieciocho años, cuando tú eras una niña -el señor Maldini cambió su nervioso tono de voz por uno de claro e intransigente- Y te prohíbo que vuelvas a mencionar aquella mujer a la que llamas “mamá”.
Amedeo Maldini se marchó de la habitación en la que se encontraban dando un portazo y, contagiada por el triste ambiente de aquella noche, Dafne quedó aún más abatida. No le gustaba hablar sobre su madre, pero tampoco le gustaba el tono en el que su padre hablaba de ello. Sí, les abandonó. Pero sus motivos tendría. Entonces, pensó que tal vez lo que necesitaba era salir un poco. Y a pesar del tiempo, así lo hizo.
Cogió su coche, un Peugeot 207 plateado, y se dejó llevar a sí misma hasta el centro de la ciudad de Florencia, donde había más vida nocturna y, teóricamente, más diversión. Pero no era el tipo de diversión que la atraía. A penas sabía bailar, y no le gustaba beber. Buscaba un sitio tranquilo, pero ¿cómo iba a encontrar tranquilidad entre aquellas luces y aquella música al máximo? Aparcó en las afueras de la zona, y enseguida se refugió en un bar que parecía estar algo más alejado de aquel bullicio.
Se llamaba “Lacrime d’oro”. Lágrimas de oro, justo lo que le faltaba a Dafne. Pero se sentía extrañamente tranquila, no había casi nadie, los únicos ruidos que se oían provenían de las discotecas y los bares que se hallaban a unos metros de distancia. Sacó un libro que llevaba en su bolso, y mientras saboreaba una cerveza, comenzó a hojearlo de nuevo. Pero no le dio tiempo a leer ni siquiera dos páginas.
- ¿Otro corazón solitario huyendo de la oscuridad de esta noche?
Dafne alzó la mirada, y justo delante de ella vio la figura de un chico que debía tener su misma edad, alto, de piel bronceada, y cabellos y ojos oscuros que la miraban fijamente. No pasó por alto su sonrisa, juguetona, de medio lado. El extraño se sentó delante de ella, y la contempló durante unos instantes. Ella tenía el corazón acelerado, no sabía qué responder. El camarero del bar se acercó a ellos.
- Vodka lime, vi prego -fue lo siguiente que dijo el chico.
- No quiero parecer grosera… -la chica se encogió; intentaba mirarle a los ojos, pero no se veía capaz.
- No lo estás siendo, querida -volvió a hacer aquella sonrisa que tanto la incomodaba.
- Ya -fue lo único que supo contestar. Se arrepintió enseguida, por lo que añadió- Pero, tú y yo… ¿nos conocemos?
- No, -contestó el chico, rotundamente- pero la noche es joven, ¿no? Por lo que tenemos todo el tiempo del mundo para conocernos.
- Sí, pero me pregunto… ¿por qué tienes tantas ganas de conocerme a mí? Entre todas las personas del mundo…
- La vida es una caja de sorpresas, querida… eh… ¿cómo te llamas? -preguntó aquel chico, acercándose cada vez más a Dafne- Supongo que por algo se empieza…
- Dafne -respondió, ruborizada.
- Precioso nombre, Dafne -echó a reírse, y luego volvió a mirarla con una sonrisa probablemente amistosa- Yo soy Enzo, ¡un placer! Y por cierto, ¿qué estabas leyendo…?
Enzo le arrebató a Dafne el libro que llevaba entre manos, intrigado. Comenzó a mirar la portada de Cántico de sangre de Anne Rice estupefacto, y seguidamente comenzó a hojear el libro, leyendo algunas de sus páginas por encima, frunciendo el ceño. Al cabo de unos instantes se lo devolvió, con una ceja arqueada.
- Vampiros. -fue lo único que dijo.
- Sí… -asintió Dafne, aún algo sonrojada, pero especialmente confundida.
- Porque tú, eres humana… ¿no? -preguntó Enzo, aún con el ceño fruncido. Ella puso cara cada vez más extrañada.
- Sí, euh… por suerte o por desgracia… ¿por?
- No, nada -comenzó a reírse de nuevo- Sólo me preguntaba cuánta razón debe tener esa Anna Rice, sobre los vampiros, y esas cosas. Hay que ver… bueno, Dafne. ¿Brindamos? ¡Por los vampiros!
Dafne parecía algo desconfiada por la presencia de Enzo y su particular forma de hablar sobre los vampiros, pero… ¿qué podía pasar? El chico en cuestión no parecía un violador, aún menos un vampiro, además… ¿cómo iba a ser un vampiro si tenía delante de sus narices una copa de vodka con lima? Ni que los vampiros bebiesen alcohol, Dafne. Alzaron ambos sus copas, brindaron, y ambos le hicieron un trago a sus bebidas, aunque Dafne se percató de que, cuando Enzo bajó la copa, había la misma cantidad de líquido que antes de haber hecho el brindis…
dafne - 6:53 p.m. -2008-08-18
Se hizo un ovillo sobre sí misma y cerró los ojos.
Seguía así cuando creyó oír los pasos de alguien subiendo las escaleras. Separó la cabeza de las rodillas y miró hacia la puerta, frunciendo levemente el ceño y entreabriendo los labios, sopesando la posibilidad de preguntar quien era o esperar a que entrase o pasase de largo. Al fin y al cabo se encontraba en su pequeño refugió, la casa con jardín que usaba para desaparecer, pues parecía más abandonada que habitada y nadie solía pararse a llamar a la puerta. Si había entrado alguien, se dijo, era para robar, no por ella. Le pasó por la cabeza intentar leerle la mente, pero no tenía ganas de ponerse en contacto con nadie, ni siquiera de esa manera invisible.
Los pasos se pararon delante de la puerta doble que daba a su habitación y empezó a abrirse con parsimonia, con la misma parsimonia con la que el intruso dirigió la mirada hacia ella.
- Dimitri.- el aludido hizo un leve movimiento con la cabeza, dio un par de pasos hacia ella y se apoyó en la pared.
Le había conocido años atrás, cuando aceptó tocar el violín junto a un grupo de humanos de edad bastante avanzada en un pequeño restaurante. De eso hacía realmente bastantes años, pensó. También recordó como le había llamado la atención él, aunque había entrado disimuladamente en escena. Tenía un aspecto impecable, como todo buen camarero que se preciase, pero ni el olor a perfume de hombre y a gomina lograba disimular el olor de sangre y sexo que desprendía al moverse. No para otro vampiro, al menos. A él tampoco le pasó desapercibido el olor a sangre de Heura.
- Hacía bastante que no te veía.
- No había nada que me llevase a hacerte una visita.
- Existen las visitas de cortesía.
- Eso me han dicho.
- Pero la cortesía no es lo tuyo.- musitó. Dimitri sonrió despreocupadamente.
- Ni lo tuyo, Heura, ni lo tuyo.- volvió a ponerse en movimiento, rompiendo la distancia que les separaba y sentándose en el brazo del sillón. Sin pedir permiso, claro.- Venía a pedirte un favor, aunque si usas un poco tus habilidades me ahorrarás el esfuerzo de tener que explicártelo.- movió los dedos.
- Me da igual, no quiero saberlo.- Dimitri guardó silencio.- No quiero salir de aquí…- susurró.
-Ya estamos otra vez.- se levantó y volvió a apoyarse en la pared, con desgana.
- ¿Vas a prohibirme que me deprima?- alzó la voz sin darse cuenta.
- Si pudiera sí, créeme.- Y le creía.
- Yo no tengo la culpa.- gimoteé.- No es algo que pueda evitar. Sabes, le… le acababa de ayudar. De salvar.- Heura se miró las manos, con la mente aun en ese callejón.- No tenía derecho… no debí… Soy horrible. Por qué, por qué, por qué…- se tapó la cara con las manos.
- Deja de gimotear. ¿Por qué no te mueres si tanto te molesta lo que eres?
- ¿¡Crees que no lo he intentado!?
No necesitó que abriera la boca para obtener una respuesta. Su capacidad para leer la mente le facilitó llegar a la respuesta de Dimitri antes que él se decidiera a expresarla en voz alta. No tan sólo pensaba que no lo había intentado, también creía que era una estúpida. Sin más. Una estúpida. Heura se llevó las manos a la cabeza, maldiciendo en silencio ese supuesto don. Ya tenía suficiente con el propio Dimitri, soltando por si sólo todo lo que pensaba, cuando quería y donde quería.
Le miró con rabia. Con verdadero odio.
- ¡Te odio!- le chilló.
- A quién, exactamente, ¿a mí o a ti?
- ¡Eres… Eres idiota y mezquino!- se levantó y empezó a dar vueltas por la habitación mientras él seguía con los brazos cruzados, observándola con hastío.- ¿Quién te crees para venir aquí a juzgarme, cuando tu eres más repugnante que yo?
- Quien dejas que sea, ni más ni menos.
- ¡No eres nada!- Heura apretó las manos, intentando controlar lo que jamás había podido controlar: Sus ataques de nervios.
- Es mejor ser nada que ir dando jaqueca a los demás.
- ¡Cállate!- se detuvo y le apuntó con el dedo, acusándole y amenazándole a la vez. Él se encogió de hombros.
- Una cría depresiva no va a decirme qué hacer y qué no hacer.
Heura se movió más rápido de lo que ella misma había esperado. Le cogió por la camisa, y antes de que pudiera arañarle o arrancarle la cabeza, Dimitri la sujetó por los brazos. Esperó sentir una presa fuerte, aplastante, hiriente, pero la cogió casi con gentileza. Recordó brevemente que esa escena se había repetido más de una vez, pero él nunca había mostrado el menor signo de querer hacerle daño. Al menos no daño físico. Ni siquiera la zarandeó.
- Con todas tus tonterías estás desaprovechando la vida que te han regalado y que no te mereces. Sal afuera, arráncale la vida a cuantos niños necesites y déjate en paz a ti misma, estúpida.
La soltó. Heura empezó a gimotear contra su pecho. La apartó sin demasiados miramientos. Sin nadie que la sostuviera, se dejó caer hasta el suelo. Toda la energía se le había esfumado, aunque más bien parecía que él se la había robado.
Dimitri ni siquiera se agachó cuando volvió a dirigirse a ella.
- He oído que el viejo de los Volturi ha hecho caput. Ya sabes lo que eso significa. Deja de gimotear de una maldita vez como un perro o yo mismo les sugeriré a todas las Bruxsa de por aquí que vengan a arrancarte la cabeza y terminar con esta pantomima que te has montado tu sola durante demasiado tiempo.
Se sentía demasiado cansada para responderle que le daba igual, y cuando al fin notó que podía abrir la boca y soltar algún ruido, Dimitri se había ido.
=OUT=
Sí, Heura tiene algo de pirada y de actriz dramática. *se encoge de hombros* Qué queréis, son más de 78 años con depresión.
heura - 7:50 p.m. -2008-08-05
- Has tardado.- arqueó una ceja e intentó reprimir un “Ya” socarrón que no hubiese venido a cuento.- Te estábamos esperando.
- Ya.- se encogió de hombros. Lo había intentado.
- Soy Ai Sen- se inclinó. Soo la imitó.
- Soo Min Ae.
- Desde luego. Te esperábamos.- como toda respuesta, decidió guardar silencio y mostrar una expresión hierática. En su fuero interno cruzó los dedos para que no fuese uno de esos vampiros leementes.- Sígueme.
Se dio la vuelta y empezó a deslizarse por los diferentes pasillos de la casa. No se cruzaron con nadie, por lo que Soo mantuvo su atención centrada en Ai, quien se guardaba mucho de pasar cerca de alguna de las cuatro luces que debía tener la casa –literalmente-. Lo único que fue capaz de atisbar fue una piel grisácea entre una maraña de pelo negro, largo y lacio. Si Soo no hubiera sido Soo, se hubiera echado a reír por ese miedo a mostrar su rostro, seguramente poco agraciado, pues era, al fin y al cabo, una Kuang-shi. Pero era Soo, y le importaba más bien un pimiento los problemas de autoestima de su guía.
Decidió pasarlo por alto y atajó otro asunto.
- ¿Quién me ha estado llamando para que viniese?
- ¿Importa?- se oyó a si misma gruñir un “joder” que bailaba entre la impaciencia, la incredulidad y la exasperación.
- Ciertamente.
- En realidad no. Lo importante es que has acudido. Empezábamos a sospechar que habías desaparecido, pero me alegra saber que no.- automáticamente Soo empezó a sopesar la posibilidad que se conocieran. La desechó.- En cualquier caso, la causa por la cual estás aquí no debería ser averiguar quien solicitaba tu presencia, sino por qué.
- Eso tendría que decidirlo yo.- Ai se detuvo ante una puerta y la abrió, o se abrió. Se le escapó ese pequeño detalle, distraída por el vaivén de la cabeza de la japonesa, negando su afirmación.
- Eso debería ser así.- Se giró. Piel enfermiza, bultitos alrededor de los labios, ojos amarillentos y ojeras de medio palmo. No estaba tan mal.- ¿Sabes el por qué? ¿Sabes qué haces aquí?
No contestó inmediatamente.
Al final se encogió de hombros.
- Y yo qué coño sé, teleoperadores maníacos.
* * *
Cuando abrió los ojos al día siguiente de su llegada, algo más tarde de lo habitual, casi notó físicamente el revuelo en el que parecía sumergida la ciudad, o parte de ella. No corrió las cortinas ni subió las persianas, se quedó en silencio e inmóvil durante largo tiempo, en el que oyó pasos ágiles y casi imperceptibles, susurros en algún idioma que no comprendía, tal vez japonés o chino. Suspiros, pequeños golpecitos productos de tics nerviosos, y poco más. Ella misma suspiró y deshizo el camino andando de la madrugada pasada, está vez sin ayuda y cruzándose con un par de inquilinos más que, a diferencia de Ai Sen, ni se escondían ni se presentaban. De hecho, la mayoría de ellos iban murmurando y demasiado rápido como para detenerse en formalidades. Soo casi lo agradeció.
Fuera, las calles le parecieron más bulliciosas que la noche anterior. O tal vez había más agitación, tal y como le había parecido antes de salir. El ambiente no era muy distinto que el de su actual residencia, lo que le hizo sospechar que algo andaba mal, algo que debía importarle.
Empezaba a hartarse de tanto deber y tantas pocas explicaciones.
Decidió no prestar atención al barullo creciente. Decidió que le dieran por culo al deber, al menos por una noche. Decidió que iba a retorcerle el pescuezo al primero que le recordara sus deberes. Decidió que iba a pararse en medio de la estrecha calle a observar como las nubes se disipaban y mostraban las redondeces perfectas de la luna. Que fácil era decidir, y que fácil era olvidar esas decisiones cuando un chico pálido, delgado y de pelo más bien largo pasaba maldiciendo por su lado. Y, por alguna razón, se dio por aludida.
Giró sobre si misma para observar su cogote antes de pedirle explicaciones.
- Perdona, ¿decías?- se giró. Sus ojos, de un color verdoso, transmitían sorpresa. Parecía querer identificarme, cosa que le resultó imposible. Cada vez parecía más enfurruñado.
- No creo haberte dicho nada a ti, ni nada que te vaya a importar.
- ¿Y que más da lo que creas? Estabas diciendo algo y te he preguntado, es obvio que me importa, me interesa o como quieras llamarlo.
- Ya que te importa tanto lo que he dicho, supongo que también debería importarte lo que creo.- sonrió, entre galán y petulante.- Además, ¿te parece normal meterte en... 'conversaciones' ajenas? Porque por lo que he visto, creo que eres también una maleducada.
- Me importa tu puta perorata, no tus creencias.- no pudo evitar cierto tono y cierta cara de fastidio.- No me he parado a pensar si me parece normal o no, y ni siquiera entiendo por que te has parado a pensarlo tú cuando lo único que te he pedido es que me digas que decías.
- Pues lo siento mucho, señorita 'perorata', pero te vas a quedar sin saberlo.- se dio la vuelta. Soo le cogió con dos dedos de la chaqueta antes que se alejase más.
- ¿Y si te lo pido por favor?
- Inténtalo.
- Mh… Por favor.- tan sólo acabar la frase recordó que los intentos no eran su fuerte, pero el hombre empezó a despegar los labios, por lo que supuso que no fue tan catastrófico.
- Estaba despotricando contra cierta...- se esforzó para encontrar la siguiente palabra.-persona, si es que se le puede llamar así. ¿Me dejas irme ya?
- ¿Por qué despotricas de un ente si no está por aquí? No tiene lógica.
- ¿No conoces el significado de la palabra 'desahogarse'?- la aludida guardó silencio, mirándole sin pestañear.
- Eres un hombre un tanto críptico.
- ¿Por qué lo dices? Una cosa es ser críptico, y la otra es ser más o menos discreto.
- No se puede ser discreto desahogándose en voz alta por la calle…- arqueó una ceja.- Será cosa de por aquí, no eres al primero que veo hoy cagandose en la hostia puta.
- De discreto, me refería a que no voy explicando a la primera señorita a la que me encuentro lo que me pasa.- igual que ella, arqueó una ceja.- Y no sé, supongo que por aquí todo el mundo habrá tenido un mal día. El mundo cambiará de un momento a otro, más temprano de lo que crees.
- ¿Ves como eres críptico?- suspiré.- ¿Qué ha pasado?- su expresión de hombre misterioso y sabio cambio a la de sorpresa y desconcierto. Un “tocado y hundido” claro.
- No creo que debas saberlo...- Deber, deber, deber. Frunció el ceño sin apenas darse cuenta.
- Suéltalo. Te sentirás mejor.
- Digamos...- se sumergió en sus propias cavilaciones unos segundos, seguramente calculando qué podía decir y qué no.- Digamos que alguien importante nos ha dejado.
- ¿Y eso que le va a hacer al mundo?
- Habrá una revolución, y estallará una guerra. Y habrá también sangre, mucha sangre...- parecía entusiasmado con el tema y con el hecho en si.
- Y eso cambiará el mundo.
- ¡Correcto!- sonrió, más entusiasmado si cabía. Tal vez la palabra no fuera entusiasmado, sino satisfecho.
- ¿Y quien se ha muerto para merecer tantos honores...?
- Dudo que supieras quién es, si te dijese el nombre.
-…Suéltalo.
- No.- y, ante la mirada inquisitiva de Soo, se dio la vuelta para marcharse. Volvió a quedarse en un intento fallido al cogerle por la chaqueta de nuevo.
- No seas mal educado. Cuando las cosas se empiezan se acaban. Tómatelo como una práctica para no hablar crípticamente.- pudo ver como se resignaba.
- ...se llama Ragnar. Y sí, es un nombre raro. Ahora déjame irme, tengo mucha prisa y muchas cosas que hacer, ha sido un placer hablar contigo.
- Ahora sólo falta tu nombre.
- Aimar.- suspiró.- ¿Contenta?
- Bastante.- sonrió brevemente y le soltó. Él también sonrió, tal vez como cortesía o por ser libre al fin.
- Pues yo lo estaré cuando también sepa tu nombre.
- Soo Min Ae.- le lanzó una mirada de advertencia: nada de bromas con su nombre.
- ¿Soo Min Ae?- se rió abiertamente, haciendo gala de su talento por ignorar las advertencias. Además, parecía que ya no tenía tantas cosas por hacer- ¿Y qué clase de nombre es Soo Min Ae?
- El mismo que Aimar. Pero mejor.
- Y bastante más raro también.- esa vez, la que ignoró el comentario fue ella.- Pues nunca te he visto por aquí, Soo Min Ae, y eso que vivo aquí desde hace muchos años...
- Acabo de llegar. Incluso yo me sorprendo.- añadió gruñendo por lo bajo.
- ¿Y de dónde vienes, Soo Min Ae?- frunció el ceño con exasperación.
- De SooMinAelandia, idiota. ¿No te dice nada mi nombre, Soo?- remarcó el “Soo” de forma innecesaria.- Corea.
- ...¡Aaaah!- pareció sorprendido. Tal vez lo estuviera realmente.- Así que de Corea... ¿y por qué has venido desde Corea?
- No lo sé.
- ¿Cómo que no lo sabes?- su sorpresa se acrecentó. Empezó a gustarle esa capacidad para cambiar de cara cada dos segundos.- Algo te habrá llevado hasta aquí, digo yo.
- Kuang-shi. Supongo.- lo dijo sin pensar. Ni siquiera estaba segura de haberlo dicho hasta que se fijo en la expresión de Aimar. O la estaba tomando por loca, o se lo estaba tomando demasiado a pecho.
- ¿Eres una de ellos...?
- Soy una Kuang-shi, si es lo que preguntas.- se encogió de hombros.- No soy nada de nadie.
- Entonces, eres un vampiro.
- Igual que tú, supongo.
- Así es.- Soo torció el gesto.
- Entonces no comprendo tu "exaltación".
- Porque da la casualidad de que yo no soy un Kuang-shi, así que...- la coreana se tragó un par de carcajadas. Era una aclaración innecesaria.
- ¿Y?
- Que somos de clanes diferentes.- de pronto todo le pareció más claro, y le hubiera parecido más claro si hubiese intentado informarse acerca de la situación actual de los clanes. Pero no lo había hecho, y de no estar hablando con él, ni se le hubiera pasado por la cabeza.
- Así que esto tiene que ver con vuestras redecillas personales.
- Se avecina la guerra, preciosa, y da la casualidad de que nuestra dinastía corre peligro.- Aimar arqueó una ceja.- Así que es normal esta actitud, ¿no?
- Te he dicho que yo no estoy del lado de nadie. Me parece bien que defiendas tu dinastía, o lo que sea que pretendes hacer, y aun así ahora mismo me estarías tirando por un barranco, si hubiera alguno cerca.
- Yo no he dicho que vaya a tirarte por un barranco. Sólo me ha sorprendido que tú también fueses un vampiro, y ya está. ¿Qué coño sabía que no estabas del lado de nadie...?
- Todas tus reacciones me dan la razón, aunque agradezco que no vayas a tirarme por un acantilado.
Guardó silencio. Ambos lo hicieron. Sólo se contemplaron el uno al otro como iguales. Soo no sabía en que estaba pensando él, y estaba casi segura de que él tampoco. Tal vez se estaba replanteando lo de tirarla por la cloaca, a falta de precipicios.
La primera en romper el contacto visual fue Soo, distraída por las dos figuras femeninas que habían aparecido de la nada detrás de Aimar. Él, por su parte, se dio la vuelta, asintió levemente y volvió a mirarla.
Y, sin añadir nada más, se fue con las dos mujeres.
=OUT=
El día que consiga ser una persona decente y postear post de longitud estándar será porque me he reencarnado en planta y no doy para más…
Btw, Suki, me he tomado la… “libertad” (AMPLIA libertad, de hecho) de cambiar de página. Si te pillo por el msn te lo explico mejor, pero básicamente es porque los posts empezaban a quedar cortados, la barra de al lado no se veía y es la manera de crear archivos. Te lo he puesto como en Freedom, para que quien quiera pueda ir a la página anterior a leer posts.
Espero que no te moleste, y si sí… lo pones/te lo pongo como antes y me envías una carta bomba…
soo - 1:05 p.m. -2008-05-14
Aimar Volturi
Cassandra
Odette D'Marque
Crystal Dyrssen Kelvar
Matt Greendespair
Soo Min Ae
Dimitri O'Connell
Kai Edward Flamehart
Jonathan Howlett
Allie Heron
Ivett Osher
Bianca Tumicelli
Dafne Maldini
Heura Porto
Enzo Valentini
Tyler Byron Rigby
Ízar L'Antinno
Stefania Dainotti
Ayla Roth
Layout y RPG: Suki
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